Steven Soderbergh tenía tan clara la historia de su primera película, Sexo, mentiras y video, que escribió el guión en dos semanas. Antes de estrenarse comercialmente, la película ya estaba compitiendo en Cannes y llevándose la Palma de Oro. Esto precipitó la mudanza de Soderbergh a Hollywood y aceleró la materialización de los proyectos que tenía en mente. Tres películas de estudio –Kafka, King of the Hill y The Underneath– y dos películas producidas de manera independiente –Schizopolis y Grey's Anatomy– le bastaron para demostrar que conocía bien su oficio. Pero para los productores no era suficiente. Sus películas, aún cuando eran de bajo presupuesto, apelaban a un publico pequeño y esto se veía reflejado en taquilla. Con todo, Soderbergh decidió mantener el control de su siguiente proyecto, Out of Sight, aún cuando esto significara su despedida de los estudios de Hollywood y una deuda considerable. La apuesta por una historia de dos embaucadores –la mentira, su eterna obsesión– estelarizada por dos actores de media tabla –un George Clooney sin poderse sacudir el éxito en E.R. y una Jennifer Lopez cuyo culo estaba lejos de ser famoso– resultó ser su as bajo la manga. Out of Sight obtuvo buena crítica, recaudó 77 millones de dólares en taquilla y le devolvió la confianza de los productores. Después de esto, Soderbergh refrendaría su capacidad para contar historias con dos películas taquilleras y multipremiadas –Erin Brockovich y Traffic– y ganarse nuevamente el mote de wonder kid. Y sabiendo que podía aprovechar su recién adquirida celebridad se acercó, junto con George Clooney, a Warner Bros. para proponerles un esquema de producción distinto. El estudio se ocuparía del dinero y ellos de producir a bajo costo películas taquilleras a cambio de mantener el control creativo. Fue entonces que nació Section Eight.

Clooney y Soderbergh comenzaron por ganarse la confianza de los inversionistas con su primera película. Ocean's Eleven, un remake de una película exitosa de los sesenta con un reparto multiestelar, recaudó 450 millones de dólares en taquilla y les dio la libertad que querían. Ellos la aprovecharon para experimentar formal y temáticamente con historias que difícilmente tendrían lugar en Hollywood. Al fin y al cabo eran una productora independiente. Experimentaron dándole la oportunidad a otros de debutar como directores. George Clooney y Stephen Gaghan –el guionista de Traffic– debutaron con historias que abordaban profundos dilemas éticos –Good Night and Good Luck, un repaso a la olvidada época de la cacería de brujas comunistas del macartismo y el nacimiento de la televisión comercial y Syriana, un complejo thriller basado en las memorias de Rober Baer, un exagente de la CIA. Así como otros directores también pudieron contar con el presupuesto y la libertad para desarrollar sus historias y obsesiones: Richard Linklater con A Scanner Darkly, basada en una historia de Philip K. Dick, y animada con la misma técnica que usó en Waking Life. Christopher Nolan con Insomnia, su tercer largometraje y primera superproducción con un reparto estelar. O Todd Haynes, que con Far from Heaven no sólo tocó el tema de la homosexualidad en una película de época, sino que resultó un éxito en taquilla y en festivales. Y Soderbergh, que lo mismo convirtió a Ocean en una franquicia –arrebatándole a Rocky el chiste de las secuelas– experimentó con otros formatos y técnicas –para The Good German, su homenaje a El Tercer Hombre de Welles, utilizó blue screen e insertó en pietaje histórico. O Bubble, que fue hecha con un presupuesto de 1.5 millones de dólares, actores no profesionales y fue estrenada simultáneamente en cines, PPV y DVD– como siguió fiel a su eterna obsesión: el tema de la repercusión moral de la mentira –con Michael Clayton, Solaris o The Informant! por mencionar algunas.

Durante los casi ocho años que duró el experimento de Section Eight, Clooney y Soderbergh se dedicaron a producir historias en las que creían, a la vez que desarrollaron otros intereses que fueron surgiendo en el camino. Y en todo momento buscaron mantenerse independientes, como aquel que sabe lo que busca. Una vez que probaron que podían hacer cine a pesar de Hollywood, Section Eight dejó de tener sentido. Cada quien continuó su camino. Clooney aprovechó los espacios en medios que ganó con su celebridad para explotar otro de sus intereses: el activismo. Save Darfour, Not on Our Watch y su crítica abierta a la guerra en Irak son una muestra de su convicción. Y Soderbergh sigue en el camino de la experimentación –temática y formal. El Ché y The Girlfriend Experience son ejemplos de temas que no hubiera podido abordar de no haber tenido la exposición –y el éxito– que tuvo y continúa teniendo.

 


Imágenes: Good nigth, and good look.
© Warner Independent Pictures

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