Podemos hablar del artista a partir del encuentro con lo que podría ser el principio de un camino a seguir. Un momento en el que, para Emilia Sandoval, las bugambilias no necesariamente tienen un valor estético por sí mismas. El paisaje se forma de manera involuntaria y es quien lo mira el que le otorga un significado. Los cerros de botellas nos hacen suponer muchas cosas. Todas, con seguridad, acerca de las diversas relaciones que guardamos con nuestro entorno. En ese sentido –partiendo de la anécdota y continuando con su obra– podría uno sugerir que el móvil de Emilia es un discurso ambientalista. El uso de residuos, la recurrencia de los objetos del consumo, el reciclaje. Esto se fue dando. Al ver que trabajas con plástico, con residuos de diferentes materiales, automáticamente la gente relaciona tu trabajo con lo ambiental. Esta relación y los comentarios que se hacen a partir de esta idea: "residuos-reciclaje, por lo tanto medio ambiente", me han llevado a la investigación y a plantearme, de manera individual, qué puedo hacer. Qué está a mi alcance. El material fue en inicio un pretexto. Antes que el objeto del discurso, es la materia prima de una tarea estética. Con el tiempo y con el trabajo continuo se va generando un lenguaje. Y lo ideal sería que este lenguaje tuviera una congruencia frente a estas ideas. Es lo que estoy tratando de hacer: tener congruencia en lo que hago, en mi discurso y en los materiales que utilizo. Dicho discurso parece intrínseco, más bien atado a la carga simbólica de los materiales, y surge de manera natural desde la postura de la artista. Algunas veces el material aparece primero y da lugar a la conceptualización de una obra. Otras veces el proceso se da en el camino contrario. En Paisajes (des)compuestos fue primero la idea. En la serie Espacio Residual fue al revés: tenia los materiales y después desarrollé la temática y las piezas. Fuí recolectando diferentes materiales que pensé que me podrían servir, no sabia para cuándo ni para qué, lo que tenían en común es que eran plásticos y residuos. Varias lonas de la publicidad de una franquicia de hamburguesas y restos de una instalación que antes había hecho con garrafones de agua. Los guardé y el tema surgió después. Emilia no pretende ir "corrigiendo" el mundo. Tampoco presume un proceso creador "puro", donde la obra surja de la nada, como si hubieramos agotado las posibilidades con los recursos existentes. Si algo tiene de enriquecedor el arte, es que te da la libertad de reinterpretar lo que tu quieras y como quieras. En mi caso creo que busco-encuentro en lo cotidiano –de una forma intuitiva, por así decirlo– algo para reflexionar. Algún material que se puede manipular y con el que se pueda hacer algo. Emilia expande el catálogo de sus materiales. Negativos, hojas de contacto de cuando era estudiante de Artes Visuales, lijas usadas, pedaceria de vidrio, una colección de postales de exposiciones de diferentes espacios y museos, donde Emilia parece tomar la obra de otros como si tomara botellas de PET. Pero en el ciclo de la apropiación hay una factura natural, y un desprendimiento inmediato: Ya desde el momento en que comienzas a trabajar con el material, a utilizar algunas partes y a desechar otras, al manipularlo estás ya haciendo tu propia reinterpretación. Luego, al colocarlo en algún lugar en especifico, viene un desprendimiento de la pieza, que ya forma parte del espectador, y deja de ser tuya, dando la libertad a que cada quien la reinterprete como quiera. Como si la obra de Emilia quisiera ser a su vez un pretexto. Una inflorescencia de bugambilias tras un monte de botellas.
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Reflexiones Luna azul Intercalados |
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