![]() Para Mr Kone, aka César Evangelista Bautista, dedicarse a la ilustración no se dio de manera fortuita. Desde pequeño, aún sin saberlo, parecía estar destinado a ser ilustrador. Mientras eso llegaba él, como todo niño, soñaba con otras cosas. Ser piloto aviador de la Segunda guerra mundial –algo que se antoja divertido pero poco práctico– o pintor. Con esta aspiración en mente fue cuando se topó con los primeros obstáculos. "Mientras mis papás trabajaban, una señora nos cuidaba. Una señora de unos ciento cincuenta kilos. Ella me preguntaba ¿qué quieres ser de grande? Yo respondía me gustaría ser pintor. Ella aseguraba que, si le echaba ganas, podía ganar buen dinero. Imagínate, si pintas una casa, cobras tanto dinero... No entendía que a lo que yo me quería dedicar era a la pintura. Cuando le expliqué que en realidad quería pintar cuadros, me dijo ay, hijo, te vas a morir de hambre". Este prejuicio, junto con otros más, lo acompañaría hasta tener la edad suficiente como para tomar una decisión acerca de su futuro. Y como a la mayoría, a Kone le faltó la visión para afrontar lo que realmente quería. "Entré en la UAM en la carrera de ingeniería metalúrgica. Fue como una autoflagelación: nunca me apoyaron, nunca me entendieron y ahora me voy a joder, voy a ser ingeniero. Además, me habían hecho creer que a un ingeniero le va muy bien". Después de dos años y una crisis vocacional la vida se encargaría de rectificar su rumbo. "Recorría los pasillos de diseño, los alumnos de diseño tomaban clases en los mismos salones. Terminaban sus clases y yo entraba y veía los trabajos. Para mí era una situación rara, porque yo quería hacer eso pero estaba en ingeniería. Y me cambié."
Sin abandonar el dibujo y adquiriendo paulatinamente la claridad de lo que podía hacer, Kone llegó al diseño por convicción, pero a la ilustración como un llamado. "Para mí ser ilustrador es como un sueño. Es parte de un sueño, sin ser el fin. Estoy en un proceso. El punto final es que un día llegue a hacer algo que, a nivel gráfico, deje de ser diseño y sea una obra. En este momento no me considero un artista, me considero un diseñador". Repitiendo la pregunta que le hacían de pequeño, Kone se cuestiona ¿qué quieres ser de grande? para renovarse y resetear sus objetivos. "Constantemente vas encontrando cosas, decepcionándote o alcanzándolas. Lo que estoy haciendo ahorita es lo que quería tener de niño: una playera estampada con algún gráfico. La serie que estoy por sacar es una remembranza de esos gráficos." Su trabajo ha ido mutando, sin perder su esencia "esa parte de la inocencia y lo infantil de los personajes. Pero se sintetizó, se volvió un mensaje más personal". Un mensaje que pareciera apelar a una felicidad constante, a un mundo alegre, quizá en busca de corregir –con treinta años de retraso– una niñez poco feliz. "Estamos en una etapa de la ilustración que se conoce como happiness. Todos los personajes son alegres. Todo es feliz. Y quienes lo estamos haciendo tenemos casi la misma edad, treintaicinco casi cuarenta años... Tal vez sea algo a nivel generacional, como una reacción". Aún así, el trabajo de Kone responde a sus propios estímulos. "Yo lo que hice fue resetearme y regresar a mis inicios. Fue una búsqueda. A mí me dijeron tú tienes que hacer lo que a ti te guste" y a Kone lo que le gusta es crear personajes. Sin considerarse un gran observador –"la observadora es mi mujer"– él se clava más en los pequeños detalles. Es ahí dónde surgen sus personajes y toda su iconografía. "Un niño una vez me dijo ¿no te da miedo el pecas? Ve su mirada, sus pecas y además está chimuelo. Yo no había caído en cuenta que los pecosos son personajes. Y más que los pecosos, los chimuelos. Ellos son personajes raros en nuestra cultura. Tú ves a un señor de cuarenta años chimuelo y comienzas a imaginar cosas". Juntos, sus personajes generan preguntas y arman una pequeña historia. Es entonces cuando su trabajo deja de ser ilustración y comienza a ser algo más lúdico, más experimental. "Por eso lo disfruto. Porque los personajes somos nosotros, soy yo mismo. Tienen siempre algo de mí. La dualidad, el humor, la nostalgia de la niñez. Puedes ver que mis personajes son distintos, uno alegre junto a otro muy cute y allá arriba uno raro, con una mirada perversa". El trabajo de Kone, lleno de elementos y detalles pequeños, se acerca más a los retablos alegóricos del medioevo –con mensajes más extensos y personajes que van mutando conforme los observamos– que a un estilo definido y permanente. "Antes podía quedarme dibujando todo el día. Ahora no puedo". Con la responsabilidad –familiar, laboral y consigo mismo– ha tenido que hacerse de rutinas para hacer que el tiempo rinda. "Todos los años los empiezo haciendo gráfica para mí, dibujando sólo lo que me gusta. Todos los días trabajo en un tema, en una hoja, a partir de algo que me llama la atención". Porque para Kone dibujar es una manera de conocerse, pero también de enfocar su energía y encontrar calma. Carga consigo un cuaderno a todos lados, como un constante recordatorio de que tiene que cultivar aquello que la vida le dio, el destino de ser ilustrador. |
| |
|
|
|
| ||
| / legal / anúnciate / contacto / | ||