Where the Wild Things Are es del tipo de historias que para todo el mundo son entrañables y adoradas, sin importar la edad. De esas historias que no se olvidan y se recomiendan y defienden con vehemencia. Si el autor, Maurice Sendak, confiesa que decidió ser ilustrador después de haber visto Fantasía a los doce años, a nadie le parece un gesto de fanfarronería. Es de esas historias que tienen un efecto en el lector, consolando al incomprendido, diviertiendo al amargado o estimulando al indiferente. También es del tipo de historias de las que todo mundo piensa "deberían hacer la película" pero luego dudan "¿y si la echan a perder?". Y tal pareciera que esa duda colectiva le generara a la historia una especie de mal augurio a quienes intenten llevarla al cine y se convierte en el tipo de proyectos que pasan dando vueltas durante mucho tiempo de un estudio a otro, de un director a otro, de una adaptación a otra sin que nadie quede realmente satisfecho o se atreva a dar el primer paso. Where the Wild Things Are es de esas historias que llaman la atención de grandes monstruos, como Disney, que terminan por invertir mucho dinero para adquirir los derechos y desarrolla nuevas tecnologías para luego experimentar con ella –por alguna razón les parece lo indicado para una historia de diez párrafos y cuarenta y tantas páginas de ilustraciones– mezclando animación tradicional con el CGI recién nacido. Pero después de pruebas y más pruebas nadie está convencido y tienen que pasar otros veinte años para que alguien más, en otro estudio, siga con la historia en la mente y con la inquietud por producirla y con tecnología más desarrollada. Entonces Wild Things pasa por más pruebas, esta vez en puro y absoluto CGI, mismas que siguen sin convencer a nadie, incluyendo al autor. Pero el estudio está empecinado en producirla –hay demasiado dinero involucrado– y están dispuestos a encontrar la manera de hacerlo. Y es cuando llega Spike Jonze, un joven y reconocido director, quien se declara conocedor y admirador de la historia y se pone a trabajar en el guión. Presenta 111 cuartillas que a todos les gusta, incluyendo al autor, y entonces todos deciden, incluyendo el autor, que es el indicado para dirigirla, porque tiene ese-no-sé-qué que necesita la historia. El estudio le tiene mucho respeto al director-patineto-productor-músico-editor-coreógrafo-actor, porque les parece que El ladrón de orquídeas, ¿Quieres ser John Malkovich?, el Torrance Community Dance Group y el video Rockafeller Skank, los comerciales de Ikea, Adidas, Miller y The Gap, Jackass, Directors Label que fundó con Michel Gondry y Chris Cunningham, el documental Yeah Right! para Girl Skateboards, VBS.tv o el proyecto Detour-Moleskin son geniales, pero cuando el director profundiza en su visión de la película, el estudio duda. Para Spike Jonze, Wild Things es del tipo de historias que deben mantenerse fiel al espíritu del libro, no es una historia para niños sino una historia sobre la niñez. Él quiere hacer una película sobre la niñez. Su propuesta es usar acción viva con puppets y animatronics. Es apoyado por el autor y los co-productores y el proyecto se muda de estudio y la película se echa a andar. Es el año 2006. El Jim Henson's Creature Shop se encarga de los puppets. James Gandolfini, Forest Whitaker, Catherine O'Hara y Chris Cooper, entre otros, de las voces de los personajes y Max Records, un chico hallado después de un largo casting, del personaje principal. El director se preocupa porque todo funcione como lo tiene en mente. El set se convierte en una extensión de la historia, imaginativo y propositivo, con una trouppe de actores circenses tras bambalinas para estimular la actuación de Max o con el constante diálogo entre todos los involucrados. Jonze conversa con Sendak durante la filmación y lo considera para tomar las decisiones importantes. El autor agradece el gesto y se conmueve, pero está convencido de que la historia ha dejado de ser suya. Es el Wild Things de Jonze, más arriesgado, menos condescendiente, vuelto a nacer. Un nacimiento que genera expectativa y rumores. Dos años de producción y aún no se vislumbra el estreno. Se habla de reshooting, de molestias del estudio, de presupuestos volados, de pésimos resultados en los focus groups. La visión de Spike Jonze es demasiado atrevida y va a echar a perder una hermosa historia, sentencian los medios. El estudio da la cara. Atrevida, pero es la visión del director y la apoyan. Al final todo cae en su lugar. Where the Wild Things Are se estrena en otoño de 2009 en Estados Unidos y es recibida por la crítica con opiniones encontradas. Algunos la consideran la aventura de un director indie que trata la historia "grabada en la mente y corazón del público" como si fuera videoclip, con cámara temblorina y la dirección de arte salida de los retazos de la última alfombrada de las oficinas del estudio. Para otros, Jonze se metió en la imaginación de un niño de nueve años, caprichoso e impulsivo, y construyó un mundo más propositivo y energético partiendo de la historia –y con la aprobación del mismo autor. Genera polémica y termina saliendo en listas de recomendación del público, de los medios, de la crítica. De cine para niños-de películas con contenido-de efectos especiales-de bandas sonoras-de nuevos actores-de actuaciones infantiles-de lo mejor del año. Claro, es de ese tipo de historias.




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Where The Wild Things Are
©2009 Warner Bros. Entertainment Inc.