En La Arquitectura de la felicidad, Alain de Botton argumenta que el espacio privado también define nuestra identidad, ya que nos recuerda lo que queremos ser, cómo queremos vivir y qué deseamos proyectar. Así, nos rodeamos de todo aquello que nos representa algo o simplemente lo aparenta –una relación afectiva, una obsesión, una herencia, una colección, un encuentro fortuito, un recuerdo de algún viaje, o doce largos meses sin intereses– y ojeamos revistas en busca de referencias estéticas que nos iluminen y reafirmen como individuos o que simplemente despiertan el morbo por conocer la casa de la duquesa de Alba o de Moby –morbo que se ha transformado en una tradición voyeurista, instaurada en el Renacimiento por Vasari y continuada exitosamente en nuestros días con MTV Cribs. Creative Space. Urban homes of artists and innovators se inserta en esta tradición.
Creative Space echa un vistazo a los estudios, departamentos y casas de creadores –artistas, diseñadores, curadores, escenógrafos, escritores, cineastas y fotógrafos–, entabla un diálogo con ellos y nos invita a entender el pensamiento de quienes están forjando la cultura contemporánea. |
![]() |
![]() |
![]() |
Los espacios en Creative Space se acercan más al cuarto de un adolescente –menos ordenados y más espontáneos– que a un escaparate de su talento o su buen gusto. Rodeados de coleccionables de cultura pop, objetos encontrados, curiosidades, antigüedades o desechos, estos inquilinos muestran fetichismos que reflejan la necesidad de tener cerca sus obsesiones, influencias o información –ya sean discos, libros u objetos con los que sólo se puede tener una relación afectiva. Pero más allá de lo que percibimos –las preferencias cromáticas, los objetos reciclados, las máximas culturales colgadas en las paredes, los muebles "hágalo usted mismo" o los juguetes de colección infaltables en el estante de todo grup– están sus ideas: la caza y transformación de muebles en objetos con otra función y una nueva historia. La afición por cargar hasta con el último detalle –un alce disecado, por ejemplo– en cada mudanza, para sentirse siempre en casa. La asepsia de renovarse periódicamente para vencer el tedio o echar a andar la imaginación. La necesidad de trabajar con las manos y tenerlo accesible para provocarlo. El individualismo real guiado por la posibilidad de crear lo necesario o deseado en lugar de adquirirlo.
Los inquilinos de Creative Space ven sus hogares como una extensión de su proceso creador, menos pulido, sin ostentación y, quizá, más caótico. Estos espacios son una alternativa al consumismo, ¿para qué comprar cuando se puede crear? |
Francesca Gavin, Andy Sewell 2009 ISBN:1856695883
|
|