La obra significa algo, al menos para el creador. Como parte de su proceso y su discurso, la obra contiene mucho de lo que quiere mostrar, sin exponerse demasiado. Y no es que sienta un falso pudor –de entrada, no estaría consciente de sus fobias, sus obsesiones, su pasado o su opinión– pero siente que los demás podrían poner algo de su parte. Si se tomó el tiempo para desmenuzarse y armar algo lo suficientemente digno para salir de su taller, ¿por qué habría de mostrarlo así nomás, sin esperar nada a cambio? Bastaría con un cómplice. Uno que, al experimentar la obra, se sienta expuesto de alguna manera –una ceja levantada, una sonrisa o un ligero rubor en las mejillas– y agradezca la capacidad del autor para hacer obvio aquello que no lo era. Entonces, la obra significa algo para alguien más. No sólo para el creador.
Un hombre escribe una historia con los recuerdos de su infancia. Es un recuento no cronológico, lleno de imágenes de la guerra, de la posguerra, de escenas oníricas, aparentemente sin sentido. [...]
Poner en duda las reglas del arte parece querer ser una regla del arte. Del otro lado, en nuestra condición de espectadores, buscamos dotar de gravedad a todo aquello que vemos etiquetado como artístico. Una costumbre. Maurizio Cattelan aprovecha ambas condiciones y las utiliza a favor suyo y de su propia reputación.
Considerado como un bufón del arte, prefiere el escándalo a través de la contundencia de las imágenes y deja las especulaciones a quien las mira. En 1998, su obra para el MoMA consistió en un disfraz con una gran cabeza de Picasso, que se dejó fotografiar de la manera en que lo haría una botarga de Mickey Mouse –una forma poco críptica de poner en tela de jucio el afán mercantilista del arte contemporáneo, pero no lo suficientemente ingenua como para intentar una postura que lo margine. [...]
Creer en Dios supone la sentencia de que Dios es el creador, ¿cierto? El creador. Muy bien. Pero, ¿qué lo inspiró? ¿Quién lo inspiró? ¿La inspiración?
Un proceso creativo no existe sin la aparición maternal de la inspiración. Uno puede ser un metódico o un arrojado a la hora de crear, pero en los dos casos, la inspiración es el elemento mágico que hace atractivo ese amasijo de ideas y les da forma. La inspiración, y perdonen la repetición, se convierte entonces en un santo grial proyectado, imaginado, pero en estado de barro.
Como si fuéramos hechiceros o chamanes, los que la buscamos tenemos rituales para invocarla. En mi caso (y para hacer de esto algo más personal y mórbido), con el paso del tiempo he perfeccionado rezos que rayan en mañas para que me abran la puerta de aquella mujer. [...]
Al linotipista.
Disculpe que me equivoque tanto en la máquina. Primero porque mi mano derecha resultó quemada. Segundo, no sé por qué.
Ahora un pedido: no me corrija. La puntuación es la respiración de la frase, y mi frase respira así. Y si a usted le parezco rara, respéteme también. Incluso yo me vi obligada a respetarme.
Escribir es una maldición.
Las palabras de Clarice Lispector parecen ser parte, al final, de una declaración de principios. Su actitud inalienable toma una parcela propia en el terreno infinito de la literatura. Otros, también escritores, podrán o no pensar lo mismo, pero jamás utilizarán las mismas palabras. En su condición de universo paralelo, la literatura reúne tantas formas de relacionarse con ella como escritores existen. Cada escritor va a su oficio de una manera particular [...]
Para Mr Kone, aka César Evangelista Bautista, dedicarse a la ilustración no se dio de manera fortuita. Desde pequeño, aún sin saberlo, parecía estar destinado a ser ilustrador. Mientras eso llegaba él, como todo niño, soñaba con otras cosas. Ser piloto aviador de la Segunda guerra mundial –algo que se antoja divertido pero poco práctico– o pintor. Con esta aspiración en mente fue cuando se topó con los primeros obstáculos. "Mientras mis papás trabajaban, una señora nos cuidaba. Una señora de unos ciento cincuenta kilos. Ella me preguntaba ¿qué quieres ser de grande? Yo respondía me gustaría ser pintor. Ella aseguraba que, si le echaba ganas, podía ganar buen dinero. Imagínate, si pintas una casa, cobras tanto dinero... No entendía que a lo que yo me quería dedicar era a la pintura. Cuando le expliqué que en realidad quería pintar cuadros, me dijo ay, hijo, te vas a morir de hambre". Este prejuicio, junto con otros más, lo acompañaría hasta tener la edad suficiente como para tomar una decisión acerca de su futuro. Y como a la mayoría,[...]
Steven Soderbergh tenía tan clara la historia de su primera película, Sexo, mentiras y video, que escribió el guión en dos semanas. Antes de estrenarse comercialmente, la película ya estaba compitiendo en Cannes y llevándose la Palma de Oro. Esto precipitó la mudanza de Soderbergh a Hollywood y aceleró la materialización de los proyectos que tenía en mente. Tres películas de estudio –Kafka, King of the Hill y The Underneath– y dos películas producidas de manera independiente –Schizopolis y Grey's Anatomy– le bastaron para demostrar que conocía bien su oficio. Pero para los productores no era suficiente. Sus películas, aún cuando eran de bajo presupuesto, apelaban a un publico pequeño y esto se veía reflejado en taquilla. Con todo, Soderbergh decidió mantener el control de su siguiente proyecto, Out of Sight, aún cuando esto significara su despedida de los estudios de Hollywood y una deuda considerable. La apuesta por una historia de dos embaucadores –la mentira, su eterna obsesión– estelarizada por dos actores de media tabla [...]
El libro del desasosiego
Fernando Pessoa
Editorial: Seix Barral
Género: Literatura iberoamericana
ISBN: 9788432219412